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Son cosas que nuestros mayores aprendían, no como ahora con juegos interactivos en las tablets, sino haciendo malabares con el dinero que entraba en casa y que había que estirar hasta final de mes. A nosotros en el colegio no nos enseñaron mucho de estas cosas, pero en casa sí. Nuestra primera idea del presupuesto vino con la frase de «con tu paga te compras lo que quieras, pero a mí no me vengas a pedir más».
La idea de cuánto dinero podíamos pedir prestado teniendo en cuenta nuestros ingresos llegó más tarde con: «Yo te adelanto algunas pagas para comprarte eso que quieres, pero después vas a querer ir al cine y no vas a tener con qué ir». Y qué decir de aquel sabio dicho «nadie da duros por pesetas», que obligaba a mirar con más cuidado lo que tenía que ver con nuestros ahorros.