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Los bancos son los primeros en defender todo lo anterior. La seguridad jurídica es fundamental en su actividad. Ya no es sólo que cumplan las sentencias judiciales, algo obvio, como que tengan claro el marco jurídico en que se desenvuelven. De hecho, los bancos como financiadores de la economía son también fundamentales para el crecimiento. Y proporcionan servicios financieros a los agentes económicos, además de gestionar buena parte del ahorro de empresas y familias. Es importante que a nivel institucional sean conscientes de la relevancia del Sector financiero. En el caso de la actividad judicial, además, también lo es que tengan los medios adecuados para valorar de forma adecuada la actividad bancaria. Y su elevada complejidad.
Estamos en un entorno de tipos de interés nulos, bajo unas condiciones financieras muy laxas. Una política monetaria excepcionalmente favorable, que presiona a la baja la rentabilidad de los activos financieros. Esto lleva a muchos inversores a asumir mayores riesgos en busca de rentabilidades más atractivas. Y no es solo el riesgo asumido como tal, su tamaño y la dificultad de gestionarlo de forma adecuada, como la mayor complejidad de los productos de inversión existentes en estos momentos. El panorama financiero evoluciona muy rápidamente, con productos y servicios cada vez más variados y sofisticados. A mayor rentabilidad potencial, mayor riesgo. Y esta relación pasa a ser exponencial en un entorno tan difícil como el actual. Sí, es fundamental conocerlo y gestionarlo de forma adecuada.